Los astilleros se reinventan con las renovables

Hace tiempo que España dejó de ser una potencia naval. Ya no hay que fijarse en la flota de indias, sino en los buques que enarbolaron el pabellón en la segunda mitad del siglo XX. Acontecimiento que dio lugar a una prolífica industria naval de astilleros y empresas auxiliares.

Hoy en día el panorama ha cambiado. El auge de potencias emergentes como los astilleros del “triángulo asiático” está haciendo que los españoles y europeos se queden sin carga de trabajo. Y la sensación es generalizada. Maersk, por ejemplo, emblema de la marina danesa, construye sus “mega portacontenedores” en astilleros coreanos. Ante tal situación no queda más remedio que reinventarse, como ya ha hecho la naval portuguesa.

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En Galicia la alternativa se llama Galician Off Shore Energy Group. Un conglomerado de 36 empresas del sector naval unificadas bajo el amparo de las energías renovables con base en la mar. Donde parece estar el futuro de la industria, a tenor de la apuesta más que evidente de los gobiernos (con el visto bueno de los ciudadanos) para aprovechar los recursos naturales del 75% del planeta: el mar y los océanos.

Proyecto Magallanes

Hace algún tiempo nos hicimos eco del Proyecto Magallanes. Una suerte de artefacto flotante dotado con poderosas turbinas que situados estratégicamente en zonas de corriente son capaces de generar grandes cantidades de energía. Según cálculos estimados, con 200 de esas bateas hidrogeneradoras se puede abastecer la demanda de electricidad de ciudades como Vigo.

En España el Proyecto Magallanes tiene su sede e ingenio en Galicia, pero es en el estrecho de Gibraltar donde potencialmente serían más efectivos los generadores. Puesto que necesitan de una presencia continua de corriente para producir energía de forma continua. Otros centros potenciales de producción se sitúan frente a las costas de Chile, el mar de Japón y el mar de Escocia.

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Plataformas para aerogeneradores

La industria naval no solo ve en los hidrogeneradores una alternativa a la escasa producción de buques, ya sean de marina mercante o militar. Sino que ha puesto su punto de mira en la producción energética aérea. De hecho, uno de los proyectos en los que está comprometida es en la construcción de plataformas flotantes en las que sostener molinos de viento; inicialmente para un campo eólico marino del mar Báltico.

El ejemplo portugués

Galicia mira de cerca al sector naval luso, que en la última década está siendo favorecido por los proyectos de energías renovables con base marina. Uno de los proyectos ya está en una fase avanzada. Se trata de la construcción de una plataforma que se botará en 2017 y servirá para establecer un campo de generadores sumergidos en la zona norte de Portugal. Proyecto auspiciado con capital estadounidense.

Repsol también ha llegado a acuerdos beneficiosos con otra compañía energética lusa, con la pretensión de construir plataformas energéticas flotantes. Algo que ve con buenos ojos el Gobierno de Portugal y la Unión Europea, principales mecenas de este tipo de proyectos ecológicos.

Afortunadamente las dársenas de construcción vuelven a tener vida y el mar vuelve a dar oportunidades a una industria fundamental.

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