De la Mar del Sur al Pacífico

El afán del ser humano por descubrir, por llegar más allá, por ampliar el conocimiento, nos ha llevado a vivir aventuras y empresas mayúsculas. Hoy en día la ciencia mira con sofisticados equipos lo que hay detrás de los átomos, al tiempo que observa el cielo buscando los albores del Universo. Pero en otro tiempo el anhelo por dar un paso más consistía en sumar tierras a la corona de los reyes. Así fue como una aventura marinera dominada por un error de cálculo permitió que América se antepusiera en el camino a la India. Así fue como la destreza y el espíritu emprendedor de algunos hombres permitió descubrir la Mar del Sur, el océano Pacífico.

Carta náutica del océano Pacífico dibujada por Ortelius en 1589

El descubrimiento de un extremeño

Cuentan las crónicas que Vasco Núñez de Balboa, natural de Jerez de los Caballeros, provincia de Badajoz, se adentró en la selva de Darién el primer día de septiembre de 1513. Bajo su mando ochocientos hombres avanzaban por un vasto territorio donde la luz apenas llegaba al suelo, captada por altas copas de árboles, y donde los peligros no solo venían de los animales salvajes, sino de las tribus locales cuyas costumbres caníbales se ponían en práctica con la rendición de los prisioneros capturados.

Encomendados a la Virgen y con la esperanza puesta en Dios, consta en las crónicas de la época, los hombres concluyeron su peregrinar el día de san Miguel de 1513. Veinticinco días tardó la hueste al mando de Núñez de Balboa en andar una distancia que en línea recta no requiere de más de ochenta kilómetros. Habían sobrevivido a la selva de Darién, hoy Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad. Ante ellos una inmensa superficie de agua se extendía más allá de lo que la vista alcanzaba. ¡Agua salada!. Sus ojos contemplaban la Mar del Sur, nombre con la que Balboa la tomó para la Corona de España.

Se cumplió la empresa de Colón

El descubrimiento de Balboa supuso concluir la aventura iniciada por el genovés casi veinte años antes. La Mar del Sur permitió unir definitivamente la vieja Europa con los atractivos mercados de Oriente por una ruta marítima. Pero todavía quedaba mucho por hacer. Desde el Cabo de Hornos hasta el Mar de Bering una interminable extensión, el continente americano, se interponía en los planes de quienes pretendía concluir la ruta comercial más importante del mundo. Una labor reservada a un marino portugués.

El día de san Lorenzo de 1519, 10 de agosto, tras superar incontables trabas Fernando de Magallanes partió de Sevilla con el auspicio de Carlos I en pos de una aventura deseada tanto por los reyes españoles como portugueses. Una ruta hacia el Oeste con el propósito de unir el puerto hispalense con las Malucas, salvando al recientemente descubierto continente americano por su extremo sur.

Era el día de Todos los Santos de 1520 cuando Magallanes llegó al estrecho que después llevaría su nombre, el que era la puerta al océano Pacífico. De hecho fue Magallanes el que llamó Pacífico a la hasta entonces Mar del Sur, pues en sus aguas encontró un sosiego no hallado en la travesía que le condujo al estrecho y que llevó casi dos años de navegación por las bravas aguas del Atlántico.

El océano Pacífico bajo un mar de nubes. NASA.

Puente entre oriente y occidente

Es erróneo decir que en 2013 se ha celebrado el descubrimiento del Pacífico. Los navegantes chinos lo conocían, incluso lo habían atravesado (según algunos historiadores), así como los pobladores de las tierras americanas, mucho antes de que ningún europeo pusiera su vista en él. De hecho, cuando Europa supo del mayor océano del mundo gran parte de sus veinticinco mil islas ya estaban pobladas, al menos las de la mitad occidental.

No obstante, para Europa el Pacífico fue un descubrimiento casi tan relevante como el nuevo continente que comenzaba a conquistar con mañas cuestionables, en la mayoría de los casos. La gran superficie de agua permitió crear una ruta que unía finalmente dos mundos deseosos de encontrarse: Oriente y Occidente, abriendo a la explotación comercial las riquezas de sendos lados sin tener que atravesar agrestes terrenos andados por Marco Polo.

De las rutas que surcaron la Mar del Sur haciendo de puente entre América y Asia la conocida como Ruta del Galeón de Manila fue la más popular durante los doscientos cincuenta años que estuvo en funcionamiento. Las mercancías y escasos pasajeros solo tenían una oportunidad cada doce meses de cruzar el Pacífico en barco desde el puerto de Acapulco hasta el de Manila, y viceversa. Una línea que estuvo funcionando hasta quince años antes (1815) de que Darwin quedara maravillado con uno de los archipiélagos más interesantes del gran mar, las Islas Galápagos.

Para entonces el Pacífico había roto los esquemas de los Siete Mares, ofreciendo a los marinos la mayor superficie de agua navegable que todo amante del mar pueda surcar.

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