Piratería y huella ecológica.

En tiempos de auge de la piratería y del corso, siglos XVII y XVIII, los tripulantes de esas naves comían mejor que los de las “reales armadas” y “mercantes de abolengo”, aunque su vida siempre pendía de un hilo, al igual que la de los otros, la vida a bordo era más llevadera, entendiendo ese término en relación a como era la vida de los navegantes de la época, precaria, miserable, enfermedades, insalubridad, arbitrariedad en la aplicación de los reglamentos, crueldad, en definitiva, llena de peligros internos y externos.

velero rumbo a la costa

Sin embargo los piratas gozaban de más tiempo de holganza a la espera de que apareciese por el horizonte una buena presa, una nave para abordarla y quedarse con el cargamento como botín.

Volviendo a la comida, al gozar de tiempo, escondidos en las islas del Caribe, donde se refugiaban, pescaban y cazaban a discreción, a la par que hacían otras actividades.

Las tortugas era uno de sus platos favoritos y ahumaban la carne cazada, de ahí el término “bucanero” que viene de “bucán”, el horno donde se ahumaba la carne,  palabra del lenguaje de los “taínos”, los pobladores de esas tierras antes de llegar Colón.

Un plato que aún hoy se sigue cocinando es el “Salmagundi”, obviamente los tipos de carne de ese estofado han variado, se hacía con ratón, perro, gato, gaviota, es decir, cualquier bicho viviente; hoy es con pollo, cerdo….

Por supuesto que cualquier pescado que cayese en sus redes servía para hacer caldereta o braseados. No se tiraba nada y se comía lo que se necesitaba.

Y todo esto de los piratas y sus comidas viene a cuento porque actualmente otros tipos de piratas, sin ojos de cristal y patas de palo, muchos de ellos tras grandes paneles bursátiles en Tokio, Oslo o Madrid, están esquilmando los mares y probablemente nosotros también tengamos algo de responsabilidad con nuestra forma de comportarnos en particular con la pesca y en general con el medio ambiente, tanto marino como terrestre.

Según Global Footprint Network, organización que se encarga de medir la huella ecológica que dejamos cada individuo, sociedad, región o país, los españoles hemos consumido a fecha actual nuestra tasa de reposición anual; las emisiones de CO2 han sido superiores a lo que los bosques pueden asimilar en ese tiempo.

En el ámbito de las pesquerías somos completamente deudores, ecológicamente hablando, concepto que implica que el consumo ha sido mayor que el índice aplicado de productividad.

Los japoneses nos ganan pero eso no nos redime ni nos justifica.

En España se necesitan tres países como el nuestro para seguir abasteciendo el consumo actual que tenemos.

El consumo desmesurado del primer mundo deja pequeños a los piratas y sus desmanes de antaño.

Si se quiere saber la huella ecológica particular que dejamos con nuestra existencia se puede pinchar en la siguiente dirección

http://www.footprintnetwork.org/es/index.php/gfn/page/personal_footprint/

O en otras tantas que ofrece la web sobre el asunto.

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