Los mares del Sur

Cuando oímos hablar de los mares del Sur nos viene el recuerdo de exploradores, sobretodo de los siglos XVII y XVIII, con Cook o Malaespina a la cabeza y mucho antes Magallanes, Elcano, Urdaneta, Torres, Fernández de Quirós y una larga lista.

También de escritores, Melville, London, Stevenson, Allan Poe, Slocum, quizás Conrad, aunque se centrase más en otros lugares con sus novelas, más alejadas de ese sur paradisíaco

Canoa multicasco en los mares del sur

Navegantes polinesios en una canoa multicasco.

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Pero mucho antes que todos ellos, hace miles de años, los estudiosos hablan de unos 30 mil años, navegantes osados que provenían de la península indochina lograron con sus canoas y barcas extenderse por el sinfín de islas y archipiélagos que llenan el nombre de esos mares.

No sabemos qué medios utilizaron para colonizarlas pero si queda la sensación y la herencia de su genialidad.

Quizás siguieron el rumbo de bandadas de pájaros o se dejaron mecer por corrientes, mirarían el cielo estrellado y tomarían alguna referencia.

Pero nos dejaron unas culturas y artes que hoy en día son valorados en toda su grandeza, no sólo el tatuaje, muchas otras que desgraciadamente el turismo de masas está fagocitando.

Cuando vemos documentales sobre los mares del Sur nos sentimos sumergidos en una búsqueda interior, vidas más placenteras y probablemente nos atraiga algo que cada vez perdemos más aquí, en nuestro norte, la sencillez.

Fernández de Quirós, navegante español que descubrió entre otras las islas Marquesas, las calificó de paraíso. No sabemos, pues no dio detalles exhaustivos en sus diarios, si se refería a lo maravilloso de sus paisajes o a la hospitalidad y complacencia sexual de sus moradores, lo más natural es que fueran ambas pero viniendo como venía de un mundo tétrico y fantasmagórico de amenazas de castigo por ser licenciosos, debió ser un choque brutal comprobar que la holganza y la bacanal bien podían albergar el verdadero edén, después haber quien era el valiente que se lo contaba a los inquisidores.

Luego le siguieron otros y se quedaron igual de impactados, sólo hace falta señalar lo que pasó en la Bounty. Y cuantos más….

Dejando de lado los delirios occidentales sobre tierras que en su momento las llamaban desconocidas y necesitadas de evangelización y demás zarandajas de tinte totalitario. Si tuviera que hacer un ejercicio de imaginación y regresar a los mares del Sur, navegando en barcos mercantes o pesqueros de banderas de leajnos países desarrollados, lo haría en primer lugar embarcado en el “Pequod” pero no me haría amigo, si es que se puede ser amigo de un personaje como él, del capitán Akab.

isla polinesia

Como estamos imaginando yo vería pero nadie sabría de mí, algo de ventaja habrá que tener cuando se escribe desde una habitación que no se mueve.

Melville retrata maravillosamente a sus personajes, también las faenas a bordo y los paisajes deslumbrantes que se ven desde cubierta. Pero sobre todo hace un estudio de las características humanas propio de un verdadero conocedor de su esencia.

Probablemente la novela sea una de las mejores simbologías sobre el mal, la venganza y el odio del ser humano retratado en su “Moby Dick”.

Tanto se ha escrito sobre ello que yo, humilde marinerito, no voy a emular a críticos de renombre, además hay tanta bibliografía al respecto que mejor es no extenderse y simplemente rememorar.

En segundo lugar me iría a esos mares con Jack London y su novela “El lobo de mar”.

Alguien de su calaña, contrabandista, ladrón, alcohólico, pendenciero, con los pies fuera de la tierra aunque tampoco en cubierta, vagabundo, pero con un gran deseo de saber y conocer nos dejó una de las mejores novelas sobre la abyección del ser humano.

Todos los que hemos pasado días enteros viendo agua y mar nos hemos tenido que vacunar tarde o temprano del lado oscuro que el hombre lleva dentro de sí para poder seguir navegando en ambientes de desolación.

Puede que por eso nos atraigan las novelas y películas de aquellos pasajes y situaciones que de una forma u otra hemos visto con nuestros ojos y a veces directamente hemos sufrido,

London condensó en esa novela asfixiante todo el elenco de maldades que pueden caber en la tripulación de un barco de principios del siglo pasado, crueles, tarados, insensibles, faltos de dignidad, en definitiva lo contrario del paraíso y más cerca de un infierno donde su protagonista el capitán Larsen hace de malvado sádico, de maldito alocado y perseguido por sus delirios.

La condición humana queda totalmente maltrecha cuando el desembarco y el desenlace de la novela son inevitables, aunque siempre quedará el sur, igual que en tierra, ya que este funciona como si de un sistema linfático se tratase, tiene similares métodos de depuración vital.

La lista que trata de esos mares es numerosa, muchos de esos libros han pasado por el tamiz y en ocasiones la desfiguración de su esencia en guiones de películas que pocas, muy pocas veces, han logrado recrear en toda su extensión los matices y singularidades reflejados en la letra de las novelas, en la aureola de fuerza y maldad juntas que daban a sus personajes.

Eso sí, los mares del Sur, se plasmen como se plasmen o se filmen como se filmen son la entrada al paraíso, luego quedarse o salir depende de cada uno.

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