Los diez mandamientos del buen patrón

¿Qué virtudes y cualidades debe poseer un capitán para organizar con éxito un chárter y dirigir a la tripulación con éxito? No se trata sólo de tener el título náutico correspondiente, porque en el barco ocurre como en una empresa, el patrón es como su consejero delegado. Y recordemos que un buen jefe no deja de ser, en el fondo, un buen psicólogo.

10 consejos para un patrón de barcos

Y es que se han dado casos de regatistas que no han conseguido el título de patrón a la primera. Y marineros con todos los títulos en regla que no han sido capaces de organizar y dirigir un crucero correctamente. Veamos pues cuáles son los diez mandamientos que todo buen patrón debería seguir.

1. Seguridad. Es lo más importante. Éste debe ser el criterio que guíe al patrón, y hay que saberlo comunicar a todos los demás. Algunos presionarán para que vayamos a alguna parte, a esa calita magnífica con taberna incorporada, cuando soplen 25 nudos de viento. No debemos tener miedo de parecer impopulares, hay que saber explicar a los demás que algunas cosas no se pueden hacer, que no hay que correr riesgos.

 

2. Organización, y con la máxima antelación. Reduce los imprevistos. Documentación, comida básica, ropa… El patrón ya tiene que saber de antemano lo que se va a necesitar para la navegación y debe comunicarlo con tiempo a los demás.

 

3. Elecciones realistas. No escoger un barco superior a nuestras capacidades. Hay que ser realistas, y humildes. No podemos exigir a la tripulación que esté preparada para llevar un barco extremo sólo porque a nosotros nos guste la velocidad o un determinado modelo.

 

4. Que todos conozcan el barco. Que sepan cuáles son sus espacios. No todos los tripulantes conocerán cómo funciona el aseo, que el agua es limitada y que la batería no tiene vida infinita. Por eso, hay que dedicar un tiempo a ilustrar el barco a los demás, a explicarles cómo funciona todo. Así evitaremos encontrarnos sin agua porque alguien se ha tirado media hora en la ducha…

 

5. Delegar. No cargarse de responsabilidades excesivas. El patrón no lo tiene que hacer todo, sino decidir y supervisar. Es necesario delegar y repartir tareas. La tripulación se sentirá así más involucrada. Lo ideal es que podamos contar con un potente “número dos” que nos apoye.

 

6. Escuchar siempre las previsiones meteorológicas. Puede parecer una obviedad, pero muchos no lo consideran necesario. Y después se llevan alguna sorpresa desagradable.

 

7. Dictadura democrática. Abrir el debate sobre los temas más amenos, dejar las decisiones más intrascendentales a la tripulación. Elegir una u otra playa u optar por un menú determinado son asuntos importantes para la tripulación, y si dejamos que decidan ellos en estas cuestiones se sentirán involucrados y evitaremos que todo parezca una dictadura. De ello puede depender el éxito de las vacaciones.

 

8. Adelantar la vuelta un día. Es un consejo. Si hay que entregar el barco el día X, pues mejor irse acercando al puerto el día X-1. Nunca se sabe en el mar lo que puede pasar. Si se quieren evitar travesías nocturnas, con el cansancio que eso implica, es recomendable calcular un regreso anticipado. Mejor llegar un día antes que un día después.

 

9. Descansar y desconectar (sólo un poco). Hacer “pausas” de vez en cuando: una estancia en un puerto, una siesta con el barco fondeado, leer un libro tumbado en cubierta… A lo largo del día, tiene que haber un momento de descanso mental y físico, en el que por un instante dejemos de preocuparnos del barco o de tomar decisiones. La tripulación lo agradecerá y nuestro cuerpo también.

 

10. Estar atentos y vigilantes. Mantengamos siempre un ojo abierto, incluso de noche. Ya tendremos tiempo de dormir… cuando terminen las vacaciones.

 

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