Elegir la tripulación para el crucero

¡Este verano nos vamos de crucero! Un magnífico chárter por aguas cristalinas… pero ¿con quién vamos? ¿Con la familia? ¿Con los amigos? ¿Solos, en pareja?

Esta vez sí. Hemos abandonado otros proyectos alternativos, viajes de mochileros (como si fuéramos adolescentes), rutas culturales (que siempre quedan bien, salvo con el calor del verano) y estancias en algún paradero (en busca de la tranquilidad a veces aburrida). ¡No señor! ¡Este verano al fin lo hemos conseguido y nos vamos de chárter! Ante nosotros se plantean dos semanas de tranquilo y apacible chárter. O divertido e intenso chárter, depende de nuestros gustos y, en especial, de la tripulación elegida.

Charter por Mallorca

Parece una tontería, pero no es tan fácil juntar una tripulación para hacer un chárter. Y el éxito de las vacaciones dependerá en buena parte de ello. Si nuestra opción es la familiar la cosa parece sencilla, pero si queremos ir con amigos… la cosa se complica. De hecho, lo hemos anunciado a nuestro círculo más próximo con gran entusiasmo. “Ei, ¿os venís a navegar este verano? Dos semanas tranquilas, que si un bañito, que si una cañita, que si una cena a la luz de las estrellas…”. Suena genial, todos nuestros amigos lo reconocen, pero eso de navegar… “ui, que igual me mareo”. Hay que saber navegar o, como mínimo, haberlo probado (y habernos gustado). Así que… ¿con quién vamos?

Un chárter en solitario puede tener su gracia. En cuestiones de seguridad saldremos perdiendo seguro, pero, más allá de estas cuestiones técnicas, reconozcamos que será mejor hacerlo en compañía. Claro que, si no encontramos acompañantes, una opción es unirnos a una flotilla. Muchas empresas de chárter ofrecen esta opción para tripulantes solitarios, y en este caso cada barco tiene ya un patrón profesional.

Del uno al dos. Son muchos los que opinan que lo ideal para un crucero es ir con la pareja. El barco se convierte en un nidito de amor flotante, qué romántico. Con todo, la experiencia de un crucero puede ser un trauma para las relaciones sentimentales poco convividas. Es inevitable que se produzcan algunas situaciones estresantes (un fondeo que no coge bien, un amarre algo temerario) y que alguno de los dos pierda los nervios. Y entonces el barco puede hacerse realmente pequeño.

Este mismo problema puede darse con la familia, pero hay confianza y ya estamos acostumbrados a compartir la misma casa. La opción familiar tiene otras ventajas. Poder enseñar a los hijos a navegar, compartir tiempo con ellos, es algo que no tiene precio. Eso sí, si alguno de ellos no tiene una gran pasión por la náutica habrá que optar por un crucero breve, con estancias en puertos para no perder contacto con la tierra. Si los hijos son pequeños, aún más. Y si son adolescentes, pues serán ellos los que querrán bajarse para poder hacer un poco de vida nocturna. Por ello, recomendamos cruceros costeros o islas con instalaciones deportivas y de ocio de nivel, y con un poco de ambiente para socializar.

Otra opción muy usual es la de juntarse dos familias para el mismo barco. Tienen que haber una amistad sólida antes, claro, y por supuesto hay que saber ponerse de acuerdo en el destino y otros detalles.

Y luego está la opción amigos, con múltiples variantes. Una tripulación exclusivamente masculina es una apuesta arriesgada, pero tiene la ventaja de que su enfoque suele ser, por lo general, bastante claro: sostienen que no hay nada mejor como estar entre machos, pero hablarán de mujeres todo el rato y dormirán en puertos para disfrutar de la vida mundana. Y las travesías pueden ser largas, lo importante es llegar a un destino adecuado, es decir, donde haya mujeres y fiesta. El sólo parejas es también muy común, y evita problemas en la distribución de los camarotes, un inconveniente que puede presentarse cuando el grupo está todo formado por solteros y solteras.

En cualquier caso, hay que asegurarse de que entre los tripulantes haya más de una persona con conocimientos náuticos básicos. Esto facilitará el trabajo al patrón, y además se podrá involucrar a los demás, explicándoles los datos básicos, por ejemplo cómo cazar una escota en un winche, o cómo ayudar en la maniobra de amarre.

Asimismo, si no contratamos patrón y por tanto lo es uno de nosotros (aunque vayamos en plan democrático alguien tiene que tomar las decisiones últimas y, además, es el que ha puesto su firma en el contrato de alquiler), el elegido debe tener experiencia, aparte del título. Ser capitán mola, pero también significa tener muchas responsabilidades, y algunos novatos tienen un exceso de confianza. El engaño es fácil de destapar: en la primera maniobra ya nos habremos dado cuenta de si el patrón está a la altura; si no lo está, estamos metidos en un lío… y sólo si nosotros nos vemos capacitados para coger el mando podremos proponer un motín a bordo.

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