El Dodecaneso, aún solitario

dodecaneso

 

¿Crees que es imposible navegar solo en pleno agosto? Pues aún puede hacerse, sin tener que cruzar un océano en una interminable travesía. En el Dodecaneso, más cerca de lo que pensamos. Increíble pero cierto: el paraíso (o uno de ellos) está al otro lado del Mediterráneo, en Grecia. Todavía.

 

El Dodecaneso es un archipiélago aún poco explotado por el chárter, seguramente porque los navegantes se decantan por otras islas griegas. ¿Será que las otras son más bellas? Difícil, la verdad. Aquí puedes navegar solo, entre tierras casi vírgenes y playas inhóspitas, con cabras salvajes incluidas.

Situado en la parte sudeste del Mar Egeo, es el archipiélago más oriental de Grecia o, dicho de otro modo, está literalmente pegado a la costa sudoccidental de Anatolia, Asia Menor. Quizá por ello el Dodecaneso ha vivido una turbulenta historia de dominaciones e invasiones, hasta hace relativamente poco. Un importante legado clásico recuerda que durante siglos estas islas formaron parte de la civilización griega y, luego, de los dominios romanos. Los bizantinos, los otomanos, los italianos, los alemanes y los británicos fueron también ocupantes, hasta que en 1948 el archipiélago fue cedido a Grecia.

Son conocidas por el nombre de Dodecaneso (“doce islas”) desde 1908,

cuando doce de ellas unieron sus fuerzas para luchar contra la supresión del status político que habían disfrutado bajo dominación sultana. Sin embargo, este árido archipiélago está formado en realidad por 32 islas -de las que sólo 14 están habitadas- y una veintena de islotes. De las habitadas, Rodas, Kos, Patmos y la exquisita Simi son las principales islas.

En el Dodecaneso aún es posible encontrar rincones solitarios en agosto, y navegar sin divisar ninguna otra embarcación en el horizonte. Las travesías entre islas no son largas, como mucho de 30 millas, y además durante el verano las condiciones meteorológicas son perfectas para los que buscan algo de emoción. De julio a agosto, el melthemi sopla constante y fuerte del norte, siguiendo la morfología de la costa turca, y puede alcanzar los 30 nudos en los canales más estrechos, por ejemplo entre Kos y Anatolia, mientras que el mar está plano y sin ola. La navegación no puede ser más divertida. Aunque a veces el melthemi puede soplar con más fuerza, alcanzando los 40 nudos, por lo que los desplazamientos pueden llegar a ser un tanto duros y cansados. Por si no fuera poco, el melthemi suele soplar durante diez días seguidos sin interrupción, y no cesa ni siquiera de noche. Indispensable pues buscar siempre buena protección. La única excepción la encontramos en Simi, que se encuentra protegida entre dos brazos de tierra de Turquía. El viento aquí se calma, y por tanto también las temperaturas suben.

Así, en el momento de planear la ruta es recomendable tener en cuenta

la dirección del viento. Lo más sencillo es seguir una travesía de noroeste a sureste, por ejemplo de Patmos a Rodas, para evitar en lo posible la ceñida. Pero eso depende del gusto de cada uno.

Rodas es la isla más grande, la más poblada, la más turística, la capital del archipiélago. Lo mejor es combinar las islas solitarias con las más turísticas para tener una visión de conjunto. Kos, Yiali, Knidos, Psérimos, Plati, Lipso, Patmos, Marathou, Léros, Telendhos, Kalymnos, Periousa, Nisiros y Simi es una ruta posible para un chárter de dos semanas.

Para los que se decantan por el turismo cultural, se puede visitar: en Kos, la Aescupalion, un templo curativo construido en el siglo IV antes de Cristo, y el castillo Crusader, lugar de nacimiento de Hipócrates; cuenta la leyenda que el maestro enseñaba bajo el inmenso platanero que hay cerca del puerto viejo, aunque éste tiene sólo 500 años… En Patmos, se encuentra el monasterio de San Juan, donde supuestamente San Juan el Evangelista escribió las Revelaciones, mientras que en Nisiros es recomendable una excursión en moto al cráter sulfuroso emplazado en el corazón de la isla. Además, Kalymnos es una de las únicas islas griegas que mantiene una flota de barcos dedicados a la pesca de esponjas. De hecho, a estos metazoos se les llama “el oro de Kalymnos”. La pesca de estos animales se remonta en Grecia a tiempos inmemoriales: ya fue descrito por Aristóteles y se menciona en la “Odisea” de Homero, por ejemplo.

 

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