Cocinar a bordo

Cuando nos embarcamos en un crucero durante, por ejemplo, un par de semanas, el tema de la cocina a bordo cobra importancia. Si son tres días siempre puedes ir pasando con latas, embutidos, pan y un poco de pasta, pero cuando uno se propone un crucero más largo hay que hacer una buena planificación de la alimentación, porque de ello dependerá en parte el éxito de las vacaciones. Si nuestro estómago y el de nuestros compañeros están satisfechos, todo irá mejor.

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Hace un tiempo entrevisté a un crucerista enganchado a la moda de cruzar el charco, había hecho ya unas cuantas travesías atlánticas y no pensaba dejar “el vicio”. Me contó que en una de ellas se embarcó un amigo apasionado de la cocina, y de hecho a bordo se ocupó sólo de eso, de tener los estómagos contentos. Pues bien, en los veinte días que duró la travesía no repitió nunca el menú, ni siquiera para desayunar. Y eso que no pudo ir al súper cada tres días para reabastecer la despensa. Si tenemos la suerte de poder contar con un cocinitas a bordo todo será más fácil. Pero si no es nuestro caso, entonces estos consejos nos pueden resultar de ayuda.

En el barco, en la cocina lo más importante que hay que tener en cuenta es el tema de la conservación de los alimentos. Hoy todos los barcos dedicados al chárter llevan nevera, y la mayoría de cruceros propios también, pero aún así es importante consumir antes los alimentos más perecederos, porque la nevera de a bordo normalmente no podrá estar todo el día encendida, por lo que la temperatura de conservación es relativa. Por supuesto, siempre que estemos amarrados en puerto, hay que acordarse de enchufar el cable eléctrico y poner en marcha la nevera, y también siempre que naveguemos a motor.

Por este motivo, hay que ser muy cuidadosos a la hora de ordenar los alimentos en la nevera, sobre todo si la nuestra es, como la de la mayoría, una nevera de abertura superior. Las bebidas irán abajo. Por encima, los productos envasados que caduquen más tarde, por ejemplo embutidos. En la parte de arriba, fruta y verdura, y la carne –que intentaremos consumir el mismo día de la compra, para evitar que se estropee-. Para mantener el orden y facilitar el sacar y meter los productos, serán muy útiles las cestas de plástico (por ejemplo, las de poner las pinzas del tenderete), que son baratitas.

Una vez nos ponemos manos a la obra, como el espacio a bordo es mínimo, es recomendable sacar los alimentos que vayamos a necesitar de golpe, porque seguramente cuando nos pongamos a cocinar ocuparemos toda la superficie de trabajo, incluida la parte de la tapa de la nevera.

En el barco normalmente podemos cocinar con los fuegos o con el horno. Si tenemos corriente eléctrica, una buena opción son las planchas eléctricas, que podemos sacar fuera para evitar llenar de humo los camarotes. Son ideales para hacer a la plancha carne y verduras, por ejemplo. También encontramos en el mercado barbacoas náuticas, que incluyen un soporte para sujetarla a un candelero; en este caso, recordemos comprar el carbón y la pastilla para facilitar el encendido, y por supuesto evitemos que se mojen. Si nos limitamos a la cocina interior, el horno no ensucia y es práctico, aunque consume mucho gas; conozco gente que tiene barco desde hace treinta años y nunca lo ha utilizado, y en cambio para otros es un gran invento. Por último, los fuegos serán siempre nuestros aliados. Recordemos tener a mano un mechero para el encendido.

Un último consejo. Si la comida nos pilla en plena navegación, planifiquémoslo con antelación: o bien comemos un poco de pan y embutidos, o bien cocinamos antes de largar amarras para que luego sólo tengamos que abrir el tupper. ¡Buen provecho!

 

 

 

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